¿Refundar o refundir?

El PRD ha aceptado encontrarse con su hora fatal: ¿Refundar
o refundir? Bajo un supuesto ánimo renovador, del 3 al 6 de
diciembre sus congresistas se reunirán en Oaxtepec, Morelos
para adoptar definiciones elementales. Cuando menos en el
discurso existe el consenso de que seguir por el mismo camino
conduciría a la debacle definitiva y a asumir un papel
testimonial y marginal que sólo sirva para conferirle al
régimen un rostro democrático e incluyente.
Pese al severo diagnóstico, ¿qué hay de viable en la
refundación del PRD? ¿El paciente está dispuesto a someterse a
un riguroso tratamiento que lo cure? A este proceso lo merodea
un escepticismo natural: los fantasmas de la simulación y de la
refundación cosmética. ¿Será acaso posible que los mismos
actores responsables del estado actual del partido lo conduzcan
a su recuperación? Einstein solía decir que es de necios hacer
lo mismo y esperar obtener resultados diferentes. Si origen es
destino, cabe mencionar que la refundación arrancó con varios
errores. En primer lugar, se plantea que lo que se pondrá a
escrutinio en el Congreso serán los nuevos documentos básicos.
En su redacción se han depositado la mayor parte de las
energías renovadoras, cuando el principal problema no es la
letra escrita, sino la práctica. ¿De qué sirve hacer el
estatuto perfecto si nadie lo cumple? El reclamo se centra en
la falta de ética y congruencia en el quehacer partidista y de
eso poco se ha hablado.
En segundo lugar, se suponía que las bases serían las
impulsoras predilectas de la refundación. Para ello, se
organizaron numerosos foros en todo el país a los que
concurrieron militantes y reconocidos intelectuales. Los que
fallaron fueron la mayoría de los dirigentes, pues estuvieron
más interesados en supervisar lo que ocurría en las mesas de
negociación entre las corrientes. Al final, los foros
destacaron por su crítica y sus propuestas, pero se
privilegiaron los acuerdos y resolutivos cupulares. Continúo en
la próxima entrega.
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