Sin rubor

El proceso de democratización del país sufre bajas
continuamente. Por ejemplo, se avanza en un momento dado en la
reforma electoral lo que permite la participación de la
izquierda antes condenada a la clandestinidad, y se crean
instituciones “autónomas” responsables de tareas
fundamentales como la organización y vigilancia de las
elecciones, la transparencia, el control y revisión de las
acciones de la administración pública, y la defensa de los
derechos humanos..
Sin embargo, sobre todo al arribo del salinismo y el
panismo, estas instituciones producto de la lucha democrática
se han ido pervirtiendo, de manera que se han convertido en
herramientas de negociación de cuotas de poder entre los
partidos políticos y los gobiernos en turno.
Los llamados organismos autónomos, como el Instituto Federal
Electoral, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la
Federación, el Instituto Federal de Acceso a la Información
Pública, la Auditoría Superior de la Federación y la Comisión
Nacional de Derechos Humanos, hoy son espacios deslegitimados
en parte por su actuación, pero también por los procesos de
elección de sus miembros, hechos sin transparencia, sin
consulta, sin argumentos.
Ahí está el caso de las dos comisionadas nombradas por
Calderón que se integraron recientemente al IFAI, Arzt Colunga
y Perez Jaén-Zermeño. Sin atender las múltiples denuncias sobre
sus obscuras trayectorias, su falta de oficio y de perfil,
fueron designadas sin mayor intervención del Senado. Cuando
éste debería haber abierto la discusión, solicitando al menos
al Ejecutivo la argumentación respecto a su propuesta,
simplemente, sin rubor, se “planchó” en el pleno
su aprobación.
En este mismo sentido, el nombramiento hace unos días de
Raúl Plasencia al frente de la CNDH, producto del acuerdo PRIAN
en el Senado, lo único que asegura es el continuismo del no
ver, no oír ni actuar.
Estos son pasos hacia atrás. Las instituciones pervertidas y
deslegitimadas. Urge un cambio profundo que pase por una
Reforma del Estado que recupere el carácter originario, la
naturaleza democrática y soberana de los poderes de la Uniòn y
de las instituciones públicas. Solo la organización de la
sociedad, desde abajo, a partir de sus raíces, podrá dar
viabilidad a un país para todos.
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