De la educación autoritaria a la educación crítica.

Es sabido o fácil de suponer que la educación es un
instrumento que sirve para cumplir ciertas funciones, en el
caso de la Educación en México es clara esa función:
“mejorar su (del estudiante) productividad y
competitividad al insertarse en la vida económica”, dice
el Acuerdo número 444 por el que se establecen las
competencias que constituyen el marco curricular común del
Sistema Nacional de Bachillerato publicado en el Diario
Oficial de la Federación el 21 de octubre de 2008.
A partir de esas funciones o necesidades sociales que en el
discurso oficial se traducen como “educación para la
vida” se justifica el autoritarismo y la jerarquización
de los sistemas educativos.
La jerarquía se da en la medida en la que las autoridades
educativas califican como “preparados” o
“competentes” a los educandos y a los profesores.
Los que no están preparados se deben someter a una especie de
tutela o sometimiento, los que ya están listos pueden aspirar a
un status y cierto poder, independientemente de lo que saben
los alumnos o de lo profesional que sean los profesores.
El autoritarismo se ejerce en función de la certificación de
los alumnos así como de la certificación, distribución de
recursos económicos, equipos de cómputo y materiales diversos
para los centros educativos. Por ejemplo, el uso de
computadoras y otros equipos de cómputo depende de una
instancia que los concentra y distribuye. Así se evidencia el
autoritarismo desde el centro, en este caso, la Secretaría de
Educación Pública.
Pero la educación no debe ser solamente un instrumento, la
educación debe ser una alternativa liberadora. Liberadora para
percatarse de la realidad como algo cambiante, no como algo ya
dado a lo que simplemente hay que adaptarse. La
concientización, producto de una educación liberadora, es
crítica. En tanto que crítica, problematizadora y esto es
posible sólo a partir de la experiencia, de las circunstancias
en las que alumno y profesor viven, en las dificultades y
obstáculos que impiden el pleno desarrollo humano, partiendo de
esa experiencia, volviendo a ella. En este sentido la educación
es crítica, transformadora, dialógica y cooperativa.
Pedro Montalvo Piedra
Integrante del Círculo Mexicano de Profesores de
Filosofía y del Consejo Consultivo Mexicano de Filosofía
www.ofmx.com.mx
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