Repensar el modelo

México ocupa el último lugar de los países que integran la
Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico en
graduados de posgrados (0.1 por ciento en doctorado). Y apenas
18 por ciento de la población entre 25 y 34 años ha concluido
la educación superior (el promedio en la OCDE es 32 por
ciento).
El dato tira por la borda cualquier argumento en favor de la
educación privada. ¿Por qué? Porque las últimas cuatro
administraciones han ahorcado presupuestariamente la educación
pública y como alternativa han proliferado las escuelas
privadas.
Durante la década de los 90, la matrícula de licenciatura en
instituciones privadas creció 77%, mientras que en las
universidades públicas aumentó 25.8% (una tasa anual menor a
3%); en posgrado, la matrícula de las universidades privadas
aumentó 359%, cuatro veces más que en las públicas.
Entre 2000 y 2007 la SEP registró 907 nuevas instituciones
de enseñanza superior privadas, lo que significó un ritmo de
crecimiento de 129 planteles por año. Pero muchas de ellas ni
siquiera lograron completar un ciclo escolar. En julio de 2003,
La Revista del Consumidor que edita la Profeco alertó sobre la
proliferación de las escuelas patito, pues, de acuerdo
con la dependencia, sólo 74 instituciones -de más de mil
existentes-, podían acreditar su calidad académica.
La OCDE reduce a 14 las instituciones particulares que han
validado su calidad. En el Análisis Temático de la
Educación Terciaria. México, el organismo internacional
muestra además otras contradicciones generadas por esta
política de educación superior: De mil 892 instituciones, 713
son públicas y mil 179 son privadas, lo que significa que las
instituciones particulares representan dos terceras partes del
sistema de educación superior; sin embargo, mientras las
entidades públicas atienden a un millón 707 mil 434
estudiantes, las privadas asisten a 830 mil 862 jóvenes, apenas
un tercio de los alumnos matriculados.
Si se considera que 80 por ciento de la investigación
científica del país es generada en 4 universidades federales y
46 universidades públicas estatales, la apuesta por las
escuelas privadas resulta todavía más inexplicable.
Las cifras obligan a repensar la política de educación
superior.
dpastrana@elperiodicoenlinea.com.mx
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